Felícitas Sánchez Aguillón, una verdadera “ogresa” que vivió en La Roma.

 


Imaginemos ese contexto del México de nuestros abuelos donde lo más apreciado era la decencia, buenas costumbres y pureza en las señoritas, ‘casi no pasaba que una jovencita se embarazara antes de casarse’. Al menos no abiertamente (pero pasaba más seguido de lo imaginado)



Pero ¿cómo se zafaban estas familias nobles y de tan pulcra reputación de semejante escándalo?
Pues así, tan elegantes y con sus ropas finísimas arreglaban su “problemita” yendo a un barrio de buen status, pero no lo suficiente para mujeres de tal alcurnia de la Roma.



Pero como siempre, me gusta comenzar desde el principio.

En la calle de Salamanca No. 9 de la Colonia Roma llegó una mujer desde una localidad conocida como Cerro Azul, Veracruz; tenía estudios de enfermería y sabía trabajar de partera, se instaló y pronto comenzó a atender partos y logró una gran cantidad de clientela



Con el éxito que logró como partera, puso otra tienda en la calle Guadalajara No. 69 (así lucen hoy ambos domicilios según Google). Al tener 2 lugares donde atender, su gama de servicios también creció, pero no de manera legal: de partos pasó a abortos, hasta venta de infantes.



La mujer que le rentaba el cuarto no. 3 del edificio en Salamanca sólo le pedía que lo mantuviera limpio, por lo demás no tenía idea de lo que Felicitas hiciera ni le importaba. En el mismo edificio había una tienda de abarrotes, administrada por Don Francisco Páez.



Los vecinos siempre comentaron que era una mujer muy extraña, no era amable ni cordial. También les parecía muy raro que seguido salía desde su cuarto un humo negro pestilente.
“Parece bruja, con los ojos saltones, gorda, fea, más bien repugnante…” (Periódico La Prensa, 1941).



El desfile de mujeres jóvenes y maduras de mucha clase que pasaban por su domicilio era extenso, los rumores hasta ese momento solo podían suponer que lo peor era que estas chicas tan elegantes se realizaran abortos por embarazos fuera del matrimonio.



Un día de abril de 1941 el dueño de la tienda de abarrotes vio que la cañería del local se había tapado completamente y llamó a un plomero para solucionarlo. Cuando éste llegó y comenzó a trabajar, el impacto que recibieron los hombres al ver la razón de lo tapado, fue brutal.



En el caño encontraron un tapón putrefacto al principio irreconocible. Había gasas ensangrentadas y trozos de carne y demás materia orgánica en estado de descomposición. De inmediato avisaron a la policía.
Cuando esta llegó encontraron lo peor: un cráneo pequeñito.



Tuvieron que entrar al domicilio de la mujer, les abrió la casera, que seguía sin saber lo que hacía su inquilina. Lo que encontraron fue una mesa con velas, un cráneo humano y muchas fotografías de bebés. También en la tienda de Felícitas “La Quebrada” encontraron más evidencia.



Era claro que la mujer había escapado junto con su amante un hombre llamado Roberto Sánchez Salazar, al que le decía “El Güero” o “El Beto”, a penas pudieron alcanzarlos antes de que salieran para Veracruz, que es a donde la quería llevar su amante y cómplice.



El oficial que llevó la investigación fue José Acosta Suárez, quien después capturaría al otro criminal de los más famosos de México: El Goyo Cárdenas.
Al ser recluida pasó parte de la noche llorando, sólo decía “me quiero ir de aquí”, como si sufriera una regresión a su niñez



Los medios describían que iba de negro, se veía muy cansada y en un estado “cercano a la inconsciencia”. Que temblaba, saltaba y alucinaba. Los médicos la sedaron, pero unos días después se sentía humillada, así que hizo su huelga de hambre (foto) en protesta de su libertad.



Que se tiraba al suelo y pataleaba. ¿Sería honesta su reacción de crisis emocional y alucinaciones? ¿O sería todo un teatro para despistar a la policía? Se registró varias veces que mostraba absoluta frialdad y cero empatía. ¿Para qué el teatro? ¿Algún psicólogo por aqui?



Sinceramente es de las historias que más trabajo me ha costado desmenuzar. Creo que describir el modo en que mataba a niños y bebés está de más. Matar o maltratar a un pequeño, de cualquier manera por poco o muy violenta que sea, es inconcebible. Lo de “ogresa” le quedaba perfecto.




Basta con decir que sus víctimas iban desde fetos, bebés en labor de parto, y niñitos de 1 a 3 años; y sus métodos eran muy variados. A los afortunados los mantenía a penas con vida, alimentándolos con leche y carne echada a perder, siempre y cuando la intención fuera venderlos.




Si no conseguía cliente, el niño se convertía en un desecho. Las madres que se los vendían por no poderlos mantener o cuando la familia no podía permitir a un hijo o nieto fuera del matrimonio; la ogra les prometía conseguirles un mejor hogar. Los niños para ella eran solo cosas.



Algunos opinan que la práctica de vender niños la adquirió desde que ¡ella misma fue madre!

Así es, antes de llegar a la capital se había casado y concebido a unas gemelas, cuando empezaron a tener problemas económicos, lo primero que se le ocurrió a ella fue vender a sus hijas



Su marido en ese momento llamado Carlos Conde, se arrepintió después de no haber tenido nada de pantalones para defender a sus hijitas y la confrontó pidiéndo el nombre del comprador; pero Felícitas nunca se lo dijo y se separaron. Se desconoce el paradero y vida de las gemelas.




Se supo que en plena época de la revolución, Felícitas fue arrestada al menos 2 veces por venta de infantes.
Curiosamente en ese tiempo esto sólo era visto como un crimen menor, o casi un delito administrativo y salió pagando simples multas.




Durante la investigación dieron con un cómplice clave en los crímenes, era un plomero de nombre Salvador Martínez Nieves. Este se encargaba continuamente de destapar la cañería del edificio, sabiendo bien lo que lo tapaba, pero ella compraba su silencio.




Después de su detención y del escándalo de la “Trituradora de angelitos” fue procesada por cargos, de nuevo, no considerados graves: Inhumación ilegal de restos y delitos contra la salud pública.
¡Y nos sorprendemos de la justicia de hoy! Le dieron 3 meses y pagar fianza de $600 mexicanos



Este pudo ser el punto clave para la sentencia:

Apareció un día en la prensa que la ogresa daría los nombres de cada una de las mujeres que había atendido, con tal de aminorar su condena. Se cree que muchas de esas familias adineradas colaboraron en la extorsión al juez




De cualquier manera no se libró fácilmente del escarnio social, además, en esos mismos días descubrieron también en la Col. Roma una célula de espionaje Nazi, cosa que opacó la noticia de la ogresa.

A los pocos días tomaría la vía fácil.



Se levantó en la madrugada y le dijo al Beto que iba a escribir unas cartas, él se extrañó pero siguió durmiendo. Eran 3 cartas: 2 a sus abogados con instrucciones legales y una para él, con quien por cierto había tenido a otra niña. A la pequeña no le dedicó ni una palabra.



Asie encontraron a la Ogresta despues de su suicidio con nembutal

Al amante le indicaba lo que tenía que decir al licenciado, como aclarando asuntos legales. Y lo único un poquito personal fue la despedida “Adiós, Beto.”
Tomó una sobredosis de nembutal y así la mujer más cruel de la historia negra de nuestro país huyó de todo



Investigaciones posteriores dieron a conocer muy pocos detalles de la mujer, como el que había sido muy rechazada y maltratada por su madre; algo común en asesinos de este tipo. Y también se supo que de niña le gustaba maltratar y envenenar animales para entretenerse.




Está de más opinar algo sobre esta persona. Tal crueldad, frialdad y falta absoluta de sentimientos se pueden leer en sus propias palabras:

"Me encargaba de las personas que requerían mis servicios y una vez que cumplía con mis trabajos de obstetricia, arrojaba los fetos al WC”




Y bueno amores, hasta aquí el hilo del día de hoy, no hay duda que es una caso que da escalofríos, yo cuando traigo este tipo de casos no dejo de pensar en las victimas, el terror y miedo que pasaron en esos momentos.



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